Sí, recuerdo muy claramente la noche anterior al plebiscito. Personalmente y colectivamente, en mi grupo de trabajo de Teleanálisis y personalmente, familiarmente estaba muy preocupado porque creíamos que la dictadura militar podía realizar actos muy violentos para desconocer el proceso, interrumpirlo. Vivíamos por muchos años con esa incertidumbre en el aire y teníamos la guata apretada. Estábamos bastante asustados y lo que me acuerdo muy bien es que la noche anterior, exactamente antes de irnos a dormir, para levantarnos muy temprano, en esa época yo vivía en un departamento colectivo con otra gente, entre ellos Cristián Galaz, que es parte, era parte del Teleanálisis y estábamos hasta tarde tratando de entender qué iba a pasar el día anterior y se produjo un estallido, un bombazo en que se cortó la luz de prácticamente todo Santiago. Y nosotros estábamos en una terraza mirando. Vivíamos en un departamento alto y se veía todo Santiago, la luz de Santiago. Y de pronto escuchamos el estallido. Vimos cómo se apagaba gran parte de las luces de Santiago completo y no nos cupo duda que era parte de las maniobras de generación de miedo de parte de la dictadura en términos de que iban a acusar y es lo que hicieron que terroristas estaban haciendo, no poniendo bombas. Y era preparar el clima del terror para el fraude, para la violencia. Y fue súper fuerte porque estábamos conversando sobre ¿tú crees que lo vamos a lograr? ¿Tú crees que Chile lo va a lograr o no? ¿Tú crees que la dictadura va a ser sobrepasada por la voluntad de la gente? ¿Qué van a hacer? Y de pronto en medio de ese diálogo se escucha un estallido enorme y se apaga la mitad de la luz de todo Santiago.Y era una confirmación de que lo que se venía al otro día era muy difícil porque la dictadura ya estaba anunciando que iban a desconocer si es que existía un voto…Entonces eso fue el arranque del plebiscito para mí. Nos fuimos a acostar bastante tarde, me costó quedarme dormido y al otro día nos levantamos muy temprano. Cristián partió hacia un sector poblacional de Santiago y yo partí hacia otro sector poblacional de Santiago. Yo recuerdo que a mí me tocó partir grabando en en un sector bastante pobre de Peñalolén. Y Cristian creo también un sector sur de Santiago. Muy temprano queríamos grabar desde que amanecía ese día no recuerdo para nada el desayuno, solo recuerdo que sabíamos que teníamos que dar una lucha bien importante y que partimos de madrugada. Era de noche todavía y llegamos a estas poblaciones a tratar de sentir el ambiente que había en el aire y lo primero que yo hice fue empezar a entrevistar y a conversar con gente de esa población para saber cómo ellos sentían que se venía este día. Había mucho miedo en la gente común y corriente. Esta en Las armas de la paz. Y hartos testimonios ahí, pero había harto coraje por otro lados. Las mujeres, las mujeres mayores, tenían miedo de que ocurriera algo violento, que no se reconociera, que intervinieran las poblaciones. Pero había un grupo de gente que a mí me empezó a a levantar el ánimo. Gente joven o señores de la población que estaban con un ánimo mucho más aguerrido y eran capaces frente a una cámara…Entendían que nosotros, con nuestro pelo enorme o por lo menos nos creían que éramos de verdad y no éramos agentes encubiertos, decían. Era evidente que éramos gente de una productora que estaba mirando más bien desde el lado de ellos, pero que sentían que era posible ganarle a la dictadura y eso nos fue dando ánimo durante el día.
[00:04:10] Bueno, después, estuve todo el día en esa población. Nos metimos a la casa de la gente. Recuerdo que muy cariñosamente nos servían galletitas y bebidas y tecitos y empezamos a escuchar por la radio los resultados y la gente se empezó a preocupar porque la dictadura empezó a aplicar lo que todos sabíamos. Los resultados favorecían todos al Si e estas bombas y unos ataques y gente con pasamontañas se estaba informando. Por lo tanto todos sentíamos que la dictadura estaba orquestando el desconocer los resultados del plebiscito. Pero a pesar de eso, la gente quería dar la pelea y tenía una esperanza con la guata apretada y estábamos todos en eso. Pero la gente es la población, yo te diría que tenía un una llamita de esperanza en el corazón y había una cosa muy bonita, colectiva, como en todas las poblaciones. Nos recibieron en muchas casas, nos abrieron el corazón para contarnos lo que ellos sentían y después me fui con el equipo de grabación. Nos fuimos al Diego Portales, que era la organización oficial de la dictadura, en donde se estaba entregando los cómputos y justo al frente del Diego Portales estaba el comando de la Concertación y el comando del No. Entonces mi tarde, después de estar toda la mañana en la población, fue cruzar entre este lugar oficial en donde había en el ambiente en el aire, una sensación de manipulación y de descrédito enorme. Era muy fría esa sala, ¿no? Era una sala donde los corresponsales. Algunos se atrevían a hacer preguntas relativamente fuertes. La mayoría no se atrevía. En el aire flotaba o pulsaba e el miedo o más bien la verdad de un fraude que se estaba cuajando. Salía el ministro a dar unos unos resultados absolutamente manipulados, mientras nosotros entre Teleanálisis estábamos con la radio escuchando. Como en una de las radios en la radio cooperativa se entregaban cómputos paralelos o cruzábamos la calle, la calle La Alameda, que la principal Avenida de Chile cruzábamos donde estaba el comando del No y había preocupación porque era evidente que se estaba preparando un fraude, cosa que es cierto. Pinochet estaba preparando un fraude. Los datos eran completamente distintos a lo que ocurría al frente. Entonces estábamos entre la vergüenza y…Yo diría, el ambiente del Diego Portales tenía algo muy particular y el ambiente era bastante frío. En términos sensoriales, la luz era un poco verdosa o mortecina. La gente casi no conversaba. En el aire, se sentía cierta maldad en camino. Yo o podía percibir. Yo lo notaba. Tú cruzabas al comando del no y había mucha energía. Había miedo. Había voluntad. Había, Eh. Y era otro tono, ¿no? Había una energía muy distinta al frente, ¿eh? Hasta un punto en que recuerdo que por radio – yo en ese momento estaba en el comando del no con nuestras cámaras – uno de los integrantes de la Junta Militar general Matthei, reconoce oficialmente, formalmente, frente a un micrófono que había ganado la opción No. Y fue un griterío y una euforia enorme porque, no estaba todo ganado, pero sí uno de los generales le estaba diciendo antes de entrar a una reunión con Pinochet Yo reconozco que ganó el no la teníamos más fácil y en ese sentido hubo. Se soltó un pedazo de ese miedo que estaba apretado. Había mucha energía, había mucha energía dando vuelta en ese lugar y esa energía se empezó a transformar en gente que llegó al comando a atreverse quizás a marchar por la Alameda y unos pocos entre los cuales yo me sumé con nuestra cámara. Era a las 00:00 de la noche, creo yo. Hicimos una pequeña marcha. La gran marcha por la Alameda fue al otro día de celebración del plebiscito, pero en ese momento un grupo de nosotros se atrevió a ir, de no haber sido unas 300, 400 personas como chico. Caminamos hasta La Moneda de noche. Y en ese sentido, hubo un momento en que se produjo un clic, un cambio energético informativo, cuando se frenó el fraude que se estaba fraguando en La Moneda. Y yo lo sentí en el rostro de la gente, en la expresión de las personas y que el Diego Portales empezó a quedar vacío, a quedar vacío porque no había, ya no había mucho que buscar ahí, porque la mentira ya no ya no servía y había sido descubierta. Y de verdad, físicamente. El Centro Oficial Informativo del plebiscito ta ta ta ta ta ta. Entraba y era un desierto muerto y todo estaba en la calle. Me parece bien simbólico, de verdad. La calle, la gente gritando, saltando. ¡Vienen los pacos! ¡Arranquen! ¡No, no arranquen! La energía de Chile se estaba moviendo en la calle, ya no en este Diego Portales que que siempre fue una cosa como de maqueta.
[00:09:37] Así lo recuerdo yo ese día en particular. Al otro día. Bueno, a ver, otra cosa de ese día que tengo que contar. Después de estas marchas, en que ya parecía evidente que el régimen había tenido que reconocer con nuestras cámaras, con nuestras mochilas, con nuestros ponchos, nos fuimos a la casa del análisis, que era una casa que quedaba en el barrio Providencia, que es un barrio como Cívico, una casa, la última de las casas que tuvimos como Teleanálisis y nos juntamos a celebrar. Y fue maravilloso. Fue maravilloso porque había mucha emoción política, pero humana y nos acordábamos los caídos y nos cagamos de la risa y destapamos champaña. Era muy raro porque costaba creer que se podía ganar a la dictadura a través de un proceso eleccionario. Costaba creer que la dictadura había sido derrotada o que parece que estaba siendo derrotada. Sin duda. Nosotros éramos unos cabros jóvenes que dedicamos toda nuestra juventud profesional a esto. De verdad trabajábamos ganando, nada de plata y no importaba absolutamente nada. Dimos muchos años a esto, como mucha otra gente que luchó por los derechos humanos, por la dictadura, por doblegar la dictadura. Algunos siguieron otros caminos de las armas, otros camino político, nosotros el camino audiovisual. Pero estábamos todos peleando contra lo mismo y nos juntamos y éramos cabros jóvenes. Entonces hubo música, hubo discursos, hubo llanto, momentos en que nos reímos mucho, sacamos hartas botellas de champaña. Era muy raro estar celebrando una especie como de año nuevo, vida nueva, todavía con el miedo de que esto en cualquier minuto podía venir la noche oscura y alguien abría la puerta y nos decía Se acabó la fiesta, chiquillos. Entonces fue una fiesta bien inolvidable, una mezcla muy rara de pena, de alegría, de dolor, de esperanza. Pero hubo una celebración en la casa de Nueva Imagen. Estamos todos camarógrafos, distribuidores, los periodistas más antiguos, Góngora, los más jóvenes, nosotros. Y fue una una fiesta hasta muy, muy, muy, muy tarde, mezclada de muchas emociones. Y al otro día nos volvimos a levantar bien temprano porque queríamos confirmar en la calle con nuestras cámaras que estaba pasando y lo que pasó fue una fiesta imparable nacional está registrado en las imágenes de Teleanálisis. Está muy claramente demostrado en el documental Las armas de la paz. Las calles eran un lugar de fiesta, un lugar de fiesta, de esperanza, ¿eh? Yo creo que yo creo que las bestias oscuras que dominaban este país todavía las seguirían dominando. Pero se replegaron. Se replegaron. No, la oscuridad de Chile que uno se levanta y había algo gris y uno siempre sentía que estaban estas manos y estos tentáculos oscuros por todo se replegaron. Siguieron ahí. La dictadura se demoró en hacer un proceso de transición complicado y siguieron pasando cosas, pero raramente, y esto yo lo tengo muy claro a nivel percepcional…Las calles estaban con una energía mucho más abierta, mucho más prístina, mucho más libre. La gente como nunca se atrevió durante años, salió a la calle a bailar, a destapar champaña, a tomarse la mano, a llorar haciendo rondas colectivas alrededor de Carabineros. Era una fiesta de la Paz. Era una fiesta de la alegría que había. Se había logrado derrotar algo muy duro, muy oscuro, muy violento, que era la dictadura. Este, este, este, este, este, este eslogan de la campaña del No que la alegría ya viene, que fue muy criticado – y yo entiendo, con los años posteriores la Concertación no hizo lo que dijo que iba a hacer, no se atrevió a hacer todo y es como llegó la alegría y parece que no llegó – pero ese día sí llegó la alegría. La alegría en el gran sentido de la palabra. Volvía la democracia imperfecta, compleja, muchas cosas. Pero ese día era un día muy prístino en que la gente se atrevió a hacer muchas cosas, que nunca se atrevió y contagioso. Como yo te veía a ti, que antes yo pasaba por el lado tuyo y no sabía si me atrevía a ponerte cara de «parece que vamos a ganar ¿o no?», o «tenemos que lograrlo». Como la gente salió y vio que la gente se atrevía en las micros, en los autos, en las calles, en las plazas, en la Alameda, frente a La Moneda, se volcó la gente, se volcó el pueblo, el pueblo con más dificultad económica y una fiesta callejera preciosa. La gente salía, bailaba, todo el mundo se abrazaba. Fue de mucha, de mucha apertura, mucha libertad. Y estuvimos grabando todo el día eso con nuestras cámaras desde las 09:00, que la gente empezó a salir hasta las 12 de la noche en que hubo una tremenda congregación de personas frente a La Moneda. Estuvimos viviendo, grabando esa fiesta y yo lo me lo viví personalmente así y profesionalmente registrabamos con nuestras cámaras esa energía que estaba dando vueltas ahí en la calle, que es muy única, muy auténtica y nadie puede porque no puede nadie rebatir que había llegado ahí la alegría. Lo digo porque en términos de la reflexión política de largo plazo, hay una enorme crítica a que si fue o no lo suficientemente valiente la Concertación en hacer la transición más rápido o menos rápido con el dictador metido en el Senado, o sea, muy larga. Y algunos critican, pero en términos estrictos, ese día y esos días, efectivamente llegó la alegría, que es recuperar la posibilidad de tener un país en paz, en diálogo y terminar de sacar con el paso de los años esa esa maldad enorme que se metió como como país.


